domingo, 14 de abril de 2013

Decretos




¿Sabías que? Esta declaración no tiene absolutamente ninguna base bíblica, mas bien es una expresión con una clara connotación satánica. La hace esta declaración bajas a Dios de su trono Soberano y descartas su voluntad sobre tu vida, impones solo tu deseo como un decreto.

Si esta declaración tiene una base bíblica ¿Por que es un dogma usado en la metafísica? ¿Acaso el evangelio no es espiritual y se discierne con el espíritu? o ¿Los maestros de la metafísica han adquirido discernimiento espiritual? o en el peor de los casos¿A Dios se le terminaron los recursos y tiene que acudir a estas estrategias para llevar bendición a su pueblo?

Alguien que es guiado por el Espíritu enseña cosas espirituales. Esto muestra que cuando encontramos dentro de nuestras iglesias enseñanzas donde su procedencia se encuentra en los dogmas de sectas satánicas, son herejías destructoras para seducir las almas de los inconstantes con conscupiciencias (deseos) de la carne (2 Pedro 2).

Hermano, se prudente, escudriña la Palabra y busca la sana doctrina. Dios de Bendiga y guarde tu alma.

Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1Timoteo 4:1)


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jueves, 21 de marzo de 2013

La tragedia de Lord Bonachón


En un tiempo no muy lejano, en pleno auge de los caballeros, un reconocido noble creyó tener una desgracia; así como creyó tenerla, también creyó haberla solucionado.
Este noble caballero, Lord Bonachón, ganó varias batallas desde su nombramiento, pasando de ser comisario de hermosa aldea llamada “La Célula” hasta, conseguir su más preciado anhelo, llegar a ser miembro de la corte real; y como miembro de la corte consiguió ser nombrado como gobernador de culto.
Lord Bonachón, una gran persona, honrada y respetada por todos, un gran guerrero, que logró múltiples  victorias, un gran consejero, que logró conseguir un lugar de privilegio en la corte real, un día se encontró con un cuadro muy triste. Después de una jornada saturada de actividades, Bonachón despertó, un frío espectral recorrió su cuerpo, se encontraba raro, no tenía fuerzas ni siquiera para enderezarse de su cama; como con un acto reflejo giró la cabeza y miró a su derecha, donde dejaba su espada, y observó que esta se encontraba desafilada y maltratada. Con mucho esfuerzo logró enderezarse, y cuando pudo mantenerse en pie una desoladora tristeza invadió su corazón, incrédulo de lo que veía busco un espejo, después de ver su reflejo la tristeza se convirtió en amargura. La armadura que durante tanto tiempo fue símbolo de respeto ahora se encontraba oxidada, parecía que apenas podía mantenerse una parte sujeta con la otra, el brillo y los detalles que la destacaban de las demás armaduras casi eran imperceptibles. En la soledad de su habitación pensó en un momento en quitársela y repararla, también pensó en devolverle el filo a su espada, pero de inmediato recordó que a la hora siguiente tenía una importante reunión en la corte real, tomando su espada la enfundó y de esa manera cubrir lo maltratada que estaba, tomó una capa color púrpura  y cubrió su armadura, se presento en la corte  con una sonrisa cubrió su tristeza; dentro de sí surgió la idea de cuando volviera solucionar su estado, pero paso un día y dos, y las actividades los volvieron a abrumar, y de esa manera pasaron los meses y los años, nunca tuvo tiempo de solucionar su estado.
Un día, en una noche tormentosa y fría, sus enemigos arremetieron contra él, volteándolo rápidamente de su caballo lo rodearon, intentando esquivar los ataques su agilidad lo traicionó, el oxido de su armadura le impidió moverse, recibió golpes mortales, pero su armadura no logró defenderlo, desenvainando su espada intentó un ataque, pero esta ya no producía daño alguno, se encontraba sin filo y hasta parecía atorada en le vaina por el oxido. Al día siguiente un comerciante que iba de paso lo vio tendido a la orilla del camino, bajó de inmediato de su carreta para socorrerlo, pero este yacía muerto, con ayuda de un criado lo subieron a la carreta y lo llevaron a la ciudad real, nadie podía creer que Lord Bonachón estaba muerto, pero lo que mas le costo creer era el estado deplorable que se encontraba su armadura y su espada.

Esta triste historia la vemos a diario en cientos de líderes y miembros en las congregaciones, un buen día se dan cuanta que su estado espiritual no es el adecuado, Dios permite por medio del Espíritu Santo que se puedan ver como por un espejo, la angustia invade su corazón, pero lamentablemente piensan que es mas importante cumplir con la obra de Dios que poder ser la persona de Dios. Días tras día surge el pensamiento de solucionarlo, pero cubrir es más rápido que solucionar, la idea de que al andar sin su armadura lo hará perder el respeto que los demás le tienen se convierte en su trampa mortal, pero el no tener su espada en condiciones se volvió su tragedia. Cuando lo ven por ahí, la gente no puede creer que ese que parecía ser la encarnación de Samuel ahora está apartado o peor aun, que se encuentre fuera de la gracia de Dios. Y en esa persona lo único que queda de Dios es un simple recuerdo, como alguna que otra competencia ganada en su época estudiantil, ahora no es mas que pasado.
La pregunta que nos surge en esos momentos es un simple ¿por qué? ó ¿qué sucedió? pero la verdad es que nadie conoce las razones, solo hay suposiciones de lo sucedido. Lo importante ahora es que Lord Bonachón ya no se encuentra entre nosotros, toda una vida de triunfos ahora se encuentra arrasada por la tragedia, pero esa tragedia comenzó cuando se aparto de las sendas antiguas.

martes, 19 de marzo de 2013

El legado de Caballero.


Durante muchos años los caballeros fueron los encargados de mantener el orden y la paz en los  reinos. Pero no todos podían ser caballeros, para ello eran necesario tener un titulo de nobleza. Otra características de ellos eran sus imponentes armaduras, sus caballos, sus escudos y espadas y su inconfundible emblema que mostraba su linaje y para que reino combatían.
Algunas de las características de los caballeros eran:
·        Nunca podían perder su honor de caballeros.
·        Su fortaleza no venia de sus músculos, sino de su espíritu.
·        No soportaban la injusticia.
·        Nunca se daban por vencido.
·  Su confianza en si mismo le permitía vencer a los mas grandes temores.
·        Nunca abandonan el campo de batalla, sino hasta ver a su enemigo destruido.

Pero hoy estos valores ya casi son extintos, nadie los recuerda, sino por las películas como Lancelot o El rey Arturo. Pero estos aun existen, solo que ya no van en caballos y no usan pesadas armaduras, no se dan a conocer en público, pero se los distingue por sus principios y valores.
No necesitan un titulo de nobleza, sino que han adquirido uno mucho mas valioso, ya no son Lord, Conde, Sir o Duque, ahora el titulo es “Hijos de Dios”. Su armadura imponente la cambiaron por la armadura de Dios, su escudo es la fe y, su espada la palabra de Dios. Su bandera es la del Señor y llevan la marca de Cristo en su vida como emblema de su linaje.
Algunas de su características son:
·        El honor de ser dignos Hijos de Dios vale mas que todo.
·     Su fuerza no viene de sus músculos, sino del Espíritu Santo de Dios.
·        No soportan la injusticia.
·        Nunca bajan los brazos.
·        No tiene miedo a nada porque saben en quien confían.
·        Nunca abandonamos lo que les fue encomendado.

Verán injusticias, perversidades, la mano del enemigo alcanzando a muchos, familias destruidas, hijos desamparados, muerte y destrucción. Pero ni siquiera con eso se  darán por vencidos, porque son los únicos caballeros llamados a una batalla ganada, la derrota no se encuentra en su vocabulario y el retroceder no lo conocen. El arma mas poderosa de nuestro enemigo es nada en comparación de las que les fueron entregadas.
Serán esposos y esposas, serán padres, serán abuelos, pero a pesar de eso nunca dejarán de ser caballeros, guerreros en el frente de batalla, siempre preparados para resistir cada intento del enemigo de atacar, siempre dispuestos a ayudar a los débiles en la fe.



"Que las circunstancias nunca te hagan olvidar quien sos"